En diciembre, nuestro país será sede de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático: COP25, en la que se reunirán representantes de 197 países que buscará fijar los criterios para el cumplimiento del Acuerdo de París y mejorar las metas de reducción de emisiones. En Chile en este último tiempo ha comenzado una fuerte discusión en torno a temas como energías renovables, electromovilidad, economía circular y protección del medioambiente, entre otros, todos ellos trascendentales para el tiempo en que vivimos. 

Es así como nuestro país en su posición de líder en la producción de cobre, tiene un rol fundamental en los desafíos que estamos enfrentando en relación al cambio climático, ya que el cobre se ha transformado en un elemento fundamental para implementar tecnologías amigables con el medioambiente, y es por eso que la Industria minera nacional tiene  mucho que mostrar en esta cita planetaria, no solo desde el punto de vista de aumentar la producción de cobre para satisfacer la mayor demanda del metal, sino que también relevar los avances que ha realizado para lograr transformarse en una industria verde y sustentable, consciente en el uso eficiente del agua y la energía. 

Hoy la industria minera es uno de los sectores de mayor demanda de energía en nuestro país, por ello uno de sus grandes desafíos es obtener energía mediante fuentes limpias y renovables.  Si bien, existe una tendencia de incluir ERNC en la matriz energética de las mineras, éstas aún tienen un bajo porcentaje de participación. Se suma que las emisiones directas de gases de efecto invernadero de esta actividad equivalen a 5,8 millones de toneladas de C02 equivalente, según Cochilco. 

No obstante, para la adopción de ERNC y electromovilidad – tecnologías esenciales para lograr una sociedad baja en emisiones – se requiere de altas cantidades de cobre y litio. Por ejemplo, un auto eléctrico utiliza casi 4 veces más cobre que un automóvil tradicional. Por ello, se espera que estas tendencias impulsen la demanda de cobre, que constituirá una enorme oportunidad para seguir desarrollando minería en Chile. 

Ante esto, tenemos el imperativo de avanzar hacia una minería verde, dado que este nuevo uso del cobre exige que sea obtenido de una manera amigable, en donde existen mayores exigencias en materias ambientales, siendo cada vez más común ver nuevos proyectos mineros detenidos o cancelados por presión de las comunidades. 

En línea con lo anterior, la incorporación de nuevas tecnologías en la minería cobra relevancia, pues permiten hacer una industria sustentable y sostenible.

Dentro de éstas, es relevante mencionar las tecnologías para reducir los relaves generados, buscando aportar mayor estabilidad, monitoreo y alternativas para recuperar y nuevos usos de estos terrenos. También se están ejecutando proyectos para buscar elementos de valor en los relaves, recuperando ciertos metales que se encuentran en concentraciones atractivas, convirtiendo este pasivo ambiental en un nuevo mercado.

Otras tecnologías que están aportando al desarrollo de la industria minera son aquellas que buscan reducir el consumo e incrementar la reutilización de agua en los procesos. En esta misma línea se ha incorporado en la minería el agua de mar mediante plantas desalinizadoras para resguardar las aguas continentales.

Si bien, la industria aún necesita incorporar más tecnología para transformarse en una minería verde, sí está marcando una tendencia de cómo será la minería del futuro.  Pensamos que esto es un espacio de oportunidad para que proveedores locales y la academia desarrollen conjuntamente soluciones de valor que aporten a la sustentabilidad de la minería nacional y mundial. 

Destacamos la labor que está desarrollando la Corporación Alta Ley – que reúne a actores públicos y privados del ecosistema minero – que incorporó en el roadmap tecnológico un núcleo de Minería Verde y con acciones concretas, a esto sumamos los esfuerzos del Gobierno con el desarrollo del Instituto Chileno de Tecnologías Limpias y del Centro de Economía Circular, que sin duda aportarán en esta línea.

Para finalizar, creemos que en el proceso hacia una minería verde se debe considerar y evaluar los posibles impactos de estas nuevas tecnologías, tanto en los procesos mineros como en el medioambiente. Es necesario conocer realmente que tan “verde” y factible es dicha tecnología, y su impacto en el medioambiente. Por ejemplo, el uso de agua de mar mediante plantas desalinizadoras que era vista como una solución verde, últimamente se ha cuestionado por su alto consumo energético y cantidades de salmuera que se envían al mar. 

De esta forma como país tenemos una tremenda oportunidad de marcar la diferencia, buscando liderar el desarrollo tecnológico y conocimiento en el sector, por ende, tenemos en nuestras manos la posibilidad de generar cambios sustanciales a nivel global. 

Para abordar este tremendo desafío se hace necesario seguir trabajando conjuntamente entre proveedores, universidades, centros de investigación, sector público y compañías mineras, para lograr desarrollar tecnologías realmente disruptivas, como minería sin relaves, procesos en seco, minería in situ, minería 100% autónoma, utilización de H2 en sustitución de combustibles fósiles, entre otros, que para muchos hoy pueden sonar a fantasía, pero que en realidad son iniciativas que cada día toman más fuerza y pueden cambiar la cara de la minería.