La minería es, por esencia, una industria de largo plazo. Desde el descubrimiento de un yacimiento hasta su puesta en operación pueden transcurrir entre 10 y 15 años, en un proceso que exige no solo altos niveles de inversión, sino también una profunda convicción y confianza en el entorno donde se desarrolla.
En este contexto, la estabilidad de las reglas del juego no es un atributo deseable: es una condición fundamental. Sin embargo, en la última década, Chile ha experimentado cinco reformas tributarias relevantes, lo que equivale a una modificación cada dos años. Este ritmo de cambios coincide, en muchos casos, con la duración de las etapas iniciales de exploración minera, generando un escenario de incertidumbre que impacta directamente en la toma de decisiones de inversión.
No se trata únicamente del nivel de carga tributaria. La experiencia internacional demuestra que los inversionistas están dispuestos a operar bajo distintos esquemas impositivos, siempre que exista un marco claro, predecible y estable en el tiempo. La incertidumbre, en cambio, tiende a postergar o desincentivar proyectos que requieren décadas para materializarse.
En este escenario, el reciente anuncio del Presidente Kast de avanzar hacia un marco de estabilidad tributaria de largo plazo —con horizontes de hasta 25 años para proyectos de inversión— apunta en una dirección correcta. Más allá de los detalles específicos de su implementación, iniciativas de este tipo buscan recuperar un elemento esencial para la industria: la previsibilidad.
Si a esto se suma la discusión actual sobre una eventual rebaja tributaria, se abre una oportunidad concreta para construir un acuerdo de largo plazo que fortalezca la competitividad de Chile como destino de inversión minera. Un pacto que no solo beneficie a las empresas, sino que también se traduzca en mayor crecimiento, empleo y bienestar para el país.
La minería chilena enfrenta hoy múltiples desafíos: desde la transición energética hasta la incorporación de nuevas tecnologías. Pero ninguno de ellos podrá abordarse con éxito si no se restablece un principio básico: la confianza.
Porque en minería, más allá de cuánto se paga en impuestos, lo que realmente define las decisiones de inversión es la certeza de que las reglas no cambiarán a mitad del camino.